¡Qué inmenso regalo!

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¡Qué inmenso regalo!

Qué inmenso regalo, queridos hermanos, este que nos ha sido concedido por obra y gracia, nunca mejor dicho, de la Agrupación de Cofradías, ¡Qué inmenso regalo!.

Si quedaba una sola gota de Gracia que hiciera rebosar el magnífico elenco de actos y acontecimientos que estamos celebrando en tan grandioso aniversario, era este.

Grande y elocuente, donde los haya, el Santísimo Cristo de Gracia, asomó su impresionante figura a cuando rondaban las 5 de la tarde, por donde otrora se situaba la puerta de Plasencia, sus hermanos, sus devotos, sus cofrades, como acostumbran no le fallaron y lo acompañaron allá por donde derramó su divina Gracia. Primero por su barrio, María Auxiliadora, Realejo, San Andrés y San Pablo, tan acostumbrados a disfrutar con tan imagen, brindaron devoción a su paso. Después se adentró por calles más inusuales y aquí cabe resaltar su tránsito por la plaza de la Compañía, donde a su paso por su Iglesia volviose de cara, en recuerdo de que hace casi dos siglos, tomó esa casa como insigne posada, casi nada.

Después de tan sublime momento, nos adentramos en el corazón de la judería, Blanco Belmonte, Angel de Saavedra, para culminar en Céspedes, donde retorciéndose por su estrechas paredes, consiguió llegar al fin hasta el patio de los Naranjos. La multitud se agolpaba a su paso cada vez más y más hasta llegar a completar una procesión de incalculable gentío.

A las 7 en punto de la tarde, como sus hermanos, habían acordado con la Agrupación de Cofradías, entregábamos a nuestro Señor, a préstamo, a las Hermandades Cordobesas para que presidiera el Santo Viacrucis del año 2018. Majestuoso, impresionante, emocionante, inolvidable, cualquier adjetivo se queda corto ante tanto recogimiento, tanta expectación, tanta admiración… TANTA GRACIA.

Pero, como el Santísimo Cristo de Gracia, siempre te dá más de lo esperado, aún nos quedaba otro “regalo del cielo”, una corta pero intensa procesión hasta el Convento de las Madres Cistercienses de La Encarnación. Regalo que ellas recibieron como agua bendita caída del cielo y con esa agua, bendecidos todos los presentes, nos despedimos de nuestro señor, con un “guiño”, … “hasta mañana, te dejamos en buenas manos, que descanses”.

Y llegó el dia después, con una impresionante ceremonia con nuestras hermanas de la Encarnación, presidida, como no podía ser de otra manera, por nuestro querido, ¡que digo! Queridísimo Alfredo Montes. La emoción se palpaba en el ambiente y, sin duda, rompió con ese impresionante Himno interpretado por MI CORO y ya, esta vez si que si, cantado por todos sus hermanos.

Y así, con las lágrimas, aun en los ojos, abandonamos el Convento Cisterciense y caminamos Rey Heredia abajo, buscando la calle Lucano para encontrarnos en la Plaza de San Pedro.

Y como nuestra Cofradía es como es, perdón, como nuestra HERMANDAD, es como es, quiso dedicar a su Sagrado Titular, otra muestra más de que sus hermanos saben y conocen lo que significa ser hermano del Cristo de Gracia. Así nuestro Señor fue portado a hombros de sus fieles, en el más absoluto recogimiento, silencio y devoción, como se hizo el dia anterior, ¡esa es la casta esparraguera!

A las 12 de la mañana, regresamos a nuestro Templo, para entonces, estaba concluyendo la misa de los niños que van a hacer la comunión este año, los cuales recibieron a su Cristo, al Santísimo Cristo de Gracia, con canciones alegres, dándole la bienvenida de nuevo a su casa, ¿se os ocurre mejor recibimiento?

Y al final, cuando estábamos todos arropándolo en su capilla…, aunque el Señor de la Vida y de la Gracia es Mexicano…se me vino a la cabeza una expresión argentina: “QUE BUENO QUE VINISTES”

GRACIAS, CRISTO DE AMOR, CRISTO DE GRACIA

LISARDO JAVIER ROMERO MORENO