Una igualá cerca del cielo

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Una igualá cerca del cielo

Una igualá cerca del cielo. En el ocaso de un verano que va deshojando sus tardes. Llega un otoño que nos regala aromas que huelen a recuerdo. A la vuelta de la esquina está la gloria y anoche tuvo lugar la confección de la cuadrilla que tendrá el honor y el privilegio de ser los pies del Santísimo Cristo de Gracia el día 29 de septiembre. A los pies, una ciudad llena de embrujo y de duende, se encuentra enclavado un remanso de paz emblemático, lleno de magia y colmado de un aura especial donde habita el vigía de todos nosotros, ese que nunca duerme ni reposa y vela por los anhelos, los sueños y las preocupaciones de todos los cordobeses.

De manera extraordinaria y distinta los hombres que portaran a Nuestro Sagrado Titular dieron comienzo a este dulce septiembre, convocados a los pies de esta bendita tierra desde un balcón cerca del cielo, para comenzar a palpitar en un solo corazón, que latirá al unísono derramando amor y Gracia haciendo de esta cita, un momento único en este paraje perteneciente a la tierra donde el Santísimo Cristo de gracia decidió  llegar para nunca volver a  marcharse. En este enclave cargado de espiritualidad y de serenidad, cargado de  significación y simbolismo, trabajadera por trabajadera respiraba la confraternidad entre los miembros de nuestra cuadrilla y los Amigos de las Ermitas, empezando a ser  conscientes de que algo maravilloso estaba pasando.

El viento soplaba por entre las ramas, era el susurro de Dios… no dejaba de estar presente, Él nos estaba igualando y nos hablaba en silencio. La felicidad brotaba a raudales y vimos que algo grande estaba sucediendo,  supimos en ese instante  que eramos unos escogidos por su Gracia y comprendimos que somos unos privilegiados tocados por su Divinidad para poder ser sus pies en su IV Centenario.  Moría la tarde, y con ella, nos trajo el momento nocturno más bello. Los árboles se durmieron y en la oscuridad del enclave el color blanco que simboliza litúrgicamente la pureza, iluminaba al  monumento del Sagrado Corazón de Jesús, radiante y soberbio. En la oración de los costaleros se añadieron cuantas almas allí habitaron y surgia por el paseo de los cipreses un murmullo de los ermitaños de aquellos tiempos. Dios estaba lleno de gozo y feliz de vernos a todos contentos.

Absortos en nuestro pensamiento, nos empezabamos a dar cuenta de que nada habia ocurrido por casualidad, y que tuvo mucho sentido este distinto encuentro. Una vez rumbo a Córdoba, dejamos en soledad de nuevo el lugar. Y volviendo al ruido de la sociedad, miramos a la serranía y observando la luz que desde cualquier panorámica podemos contemplar, supimos que un corazón de Gracia quedará unido de por vida. para los anales de la historia, en la memoria de su cuadrilla, de las Ermitas y de Nuestro Sagrado Titular hasta el final de los tiempos.

 

Rafael Salvador López