IGUALÁ CUADRILLA DE COSTALEROS 2018

Tendrá lugar el miércoles 17 de enero de 2018 a las 21 horas en la nave del polígono Pedroche (C/ Metalúrgicos). Imprescindible asistir con el calzado negro de salida.

BAJO SU GRACIA

El trabajo del costalero (con sentido devocional o de “afición”, legado invisible del viejo modelo de asalariados) trata de una herencia, basada en el saber hacer y en el respeto a unas normas esenciales; el sentimiento religioso hacia una imagen, la identificación con un entorno social, el respeto al capataz y su gente… o una mezcla de todo ello al mismo tiempo. El costalero es un poeta de sentimientos en estado puro, es aquél que vive de una manera especial y honra con halagos a sus verdaderos amigos, sean costaleros o no, carente siempre de amar a los demás. Los antiguos costaleros vienen de clase media baja. Personas currantes, gente humilde. La mayoría de ellos necesitados de hambre, con espíritu vital. La unión entre ellos, define la fuerza del cariño de aquellos hombres. Los costaleros, antes que costaleros, somos personas. Amigos de nuestros amigos… que sufrimos en las chicotás duras… los que sacamos esa fuerza arropada de sentimientos y casta, los que sufrimos cuando el paso da “leña” (como se diría en el argot cofrade); los que pelean en el camino y ayudan al que tienen cerca, esos que están pendientes del que está al lado, del que está detrás, en la trasera … Esos son los verdaderos costaleros. La evolución de los tiempos, al igual que enriquece, destroza. La vida corre y avanza muy deprisa, pero el mundo de abajo guarda grabadas a fuego unas pautas que deberían permanecer escritas y ser inamovibles en el tiempo. El compromiso y el respeto del costalero, junto con la obediencia, la honestidad consigo mismo y con los demás, debe permanecer en todo aquél que se disponga a formar parte de una cuadrilla.  El éxito, el fracaso, la gloria o el infierno son de cada uno de los miembros de una cuadrilla,  por lo que hay que tener claro que todos somos necesarios debajo del paso. Nunca nos puede faltar en la bolsa año tras año, ganas e ilusión, como las del primer día, puesto que cada año es distinto y ninguno es igual. En este bendito oficio, uno se retira y no ha dejado de aprender, como en la vida misma.

La cuadrilla del Santísimo Cristo de Gracia goza de una salud plena bajo sus trabajaderas desde hace mucho tiempo. Los tiempos de afluencia y magnitud por este mundo del costal, han cohesionado perfectamente con el buen hacer de los años pasados, donde hubo una serie de hombres a los que me gusta llamar “los verdaderos héroes” comenzados desde la nada  y desde la más pura ignorancia, allá por las décadas de los ochenta y noventa. El refinamiento que da el paso de los años y el espíritu renovador, son las claves del éxito de esta cuadrilla; el estar en constante renovación, ya que el mundo de abajo es un tren que no para y, o te subes a él, o tiendes a quedarte estancado en alguna estación remota. El andar de la actualidad de los pasos dada la consolidada asistencia y número de hombres te ofrecen esa garantía de poder pasear el paso con solvencia sin apenas someter al costalero como en antaño. Ni mejores ni peores, simplemente asentados en esa evolución que este legado sufre constantemente. Nuestra cuadrilla ha marcado siempre esa diferencia  por tener un valioso secreto, y no es ni más ni menos que el que cada uno de sus miembros tiene como principal y único protagonista al Cristo de sus amores. Al margen de egos y protagonismos, ha sido y es una cuadrilla que reúne unas pautas de disciplina envidiables, que son la base del éxito. Tras trabajar ensayos con pilares cimentados y bien imprimidos por parte del capataz y sus auxiliares, así como una serie de capacidades técnicas que se van puliendo noche tras noche de cuaresma, cuando los hombres se disponen a escribir el preludio de un nuevo Jueves Santo.

Decir Esparraguero es decir devoción, fe, magia, duende, encanto, sensibilidad, fantasía, popularidad del pueblo que lo venera y que tantos años generación tras generación se han dirigido a rezarle y rendirle plegarias a Dios; que atrapa de una manera especial y te transporta al sentimiento más profundo y la veneración desmedida. La cuadrilla del Cristo de Gracia reúne unas características de privilegio, tesón y perseverancia que hacen que sus componentes desde la naturalidad y el respeto, año a año vislumbren lo que tiene que ser las puertas del cielo… o la misma gloria. Humanidad  y solidaridad es lo que se respira en las entrañas  de la casita de Dios… y es que cuando un hombre se junta a otro para morir con el, no existe el fracaso. Lealtad y gallardía de hombres valientes que asumen ser los pies del más Grande, y se sienten elegidos por este Dios crucificado que es el capitán de nuestras vidas… el guardián de nuestro barrio,  el que vela por nuestras familias…

Agradecidos por estar bajo su paso. La cuadrilla del Dios de Gracia desde los inicios hasta la actualidad es humilde y sencilla, de gente que siente a Dios en una caricia, en un beso o en un abrazo cada vez que entramos en su templo. La recompensa externa de llevarnos saciada el alma por haber cumplido  con el deber de haber paseado al Señor y a su Bendita Madre por las calles de nuestra tierra. El costalero de nuestra hermandad se arma de torería y maestría cuando se mete debajo del paso. Hace arte con andares de solera, con empaque y con sabor añejo, a perfumes de Talegona con aromas de saetas y llantos, con olores a incienso y alegría en su majestuosidad, que despiertan en todo aquél que busca la Gracia de su rostro, el derrame eterno de unos brazos que acogen y conquistan a Córdoba, cada tarde noche de Jueves Santo. Desde el cariño y el amor al prójimo, el costalero del Esparraguero es valiente en el día a día, es roneante hasta andando por la calle cualquier tarde de primavera. Es fijador, corriente o patero de los buenos momentos en el caminar de nuestros días. Humano ante todo, romántico de la trabajadera y bohemio de una calle con embrujo. Una marcha a compás… y el andar de nuestro Cristo… uno detrás de otro sin quedarse “paraos”, con mucho mimo, pa´ que no le duelan las “herías”, a ese que nos mantiene unidos bajo un solo corazón, que palpita en costalero y muere gota a gota y no de repente, únicamente por y para ÉL.

 Rafael Salvador López

Costalero del Santísimo Cristo de Gracia