CRÓNICA JUEVES SANTO 2017

Y LLEGÓ  EL  DÍA…

¡Cuánto se ha hablado, escrito, discutido …!. ¡Cuántas personas doctas cofrades, no cofrades, creyentes y no creyentes opinando y argumentado sobre un tema que no tenía más remedio que llegar a donde llegó!

Así llevamos varios años, arquitectos, ingenieros, políticos, periodistas, sacerdotes, curia diocesana, asociaciones de vecinos, de hosteleros …., artistas, escritores, poetas, hasta toreros… ¡si toreros!. Todos ellos han vertido sus opiniones sobre la conveniencia o no de abrir esa puerta, ahora llamada de las Cofradías, para facilitar el tránsito de todas y cada una de las hermandades cordobesas por el interior de la SANTA IGLESIA CATEDRAL y por “ende” de una Carrera oficial por sus alrededores

Como suele decir un amigo mío: “esto es Córdoba”, para lo bueno y lo malo, lo humano y lo divino. Pero Córdoba y sus cofradías no podan dejar pasar esta maravillosa oportunidad que se le ofrecía en bandeja de plata y así fue. Tiempo habrá de mejorar lo que no se hizo del todo bien, de acostumbrar a los ciudadanos a ver otro tipo de Semana Santa, más grande, más hermosa y sobre todo, que no se le olvide a nadie, MAS SANTA, porque se trata de hacer Estación de Penitencia en el templo Mayor de la Diócesis delante del Santísimo. Comparaciones con lo anterior… sobran.

Pero dicho todo esto, como yo siempre fui de esta cuerda (hubo un tiempo que los que pensábamos que esto era posible nos llamaban locos iluminados), vayamos “a lo nuestro”.

Y LLEGÓ EL DIA, marcado con letras de oro en el calendario de cualquier esparraguero. El día en que el paso del Santísimo Cristo de Gracia, iba a visitar, por primera vez en la historia, repito por primera vez en la historia, las naves de la Catedral, a hombros de sus costaleros y acompañado por su cortejo de hermanos nazarenos. “Lo cuento y aún me parece un sueño”.

Ese día, 13 de abril, según las escrituras, se cumplían 2017 años de la muerte Jesús de Nazaret, al que llamaban rey de los judíos, clavado en una cruz, a la hora nona. Ese día, a las 19:15 horas, con un sol en todo lo alto, aparecían al unísono la Cruz que guía el cortejo de habito trinitario y la cruz que soporta el peso del Señor de la Vida y de la Gracia, cruzándose, valga la redundancia, en la hermosa plaza del Alpargate como por obra de arte. ¡Qué imagen más maravillosa y profunda el que cada año se puede contemplar en ese punto, el encuentro de la cruz que porta el hombre con la que lleva al mismo Dios!.

El camino que nos llevó hasta la puerta del puente, aunque ya por conocido, no fue fácil. Sabido es lo complicado de esa zona por sus estrecheces y obstáculos y además el tiempo apremia y hay que llegar a la hora. Y así se hizo en perfecto orden. Nuestra cofradía, acompañada de una multitud ingente de público, recorrió las calles de María Auxiliadora, Puerta nueva, Alfonso XII, San Pedro para ir a parar al paseo de la Rivera, esta vez por la calle Enrique Romero de Torres. Tras comprobar que nuestro reloj y el de la Agrupación de Cofradías, iban en la misma hora, nos dispusimos a hacer entrada en la nueva Carrera Oficial.

Y de ahí, ya con la vista puesta en la Puerta del Perdón, esa que nos dio, también por primera vez en la historia, ese precioso cartel de Semana Santa, ahí es nada. Para más gloria, enfrente nuestra disfrutábamos de la visión de la impresionante imagen de Nuestra Señora de Las Angustias, que se disponía a salir por la puerta de las Palmas. Vuelvo a reiterarme en lo anterior, comparaciones con lo de antes… sobran. ¡Dios que fantástica estampa!

Y volvimos a revivir aquellos momentos inolvidables del año pasado, con las lágrimas ya asomando por el rabillo de los ojos, porque todos sabíamos, que lo mejor, estaba a punto de llegar.

Y serían las 11 y media de la noche, minuto arriba minuto abajo, cuando se produjo el hecho histórico, por nosotros vivido, en el que las majestuosas andas del Cristo de Gracia, cruzaron al Interior de la Santa Iglesia Catedral.

Si lo del año pasado ya fue indescriptible, lo de este ha sido sublime. ¡Que imágenes, que sensaciones, que Cristo, que paso, que cofradía…!

Existía cierto miedo a que el paso se quedara solo en dentro de las naves y ello desluciera la procesión. Pero claro, ¿Cómo se va a quedar solo un Cristo que llena toda la Catedral, con su sola presencia ?. Todo fue fantástico, increíble, inenarrable. Algún hermano me comentó a la salida:”Lisardo, ya me puedo morir tranquilo”.

Y así, con el corazón empapado y sobrecogido, abandonamos el patio de los Naranjos, pasando ya por el palco de salida con algunos minutos de retraso, debido a lo acumulado de toda la noche y a lo complicado que se hace el tránsito por la Catedral y el patio de los Naranjos, sobre todo para los costaleros.

De esta forma, la cofradía desfiló de recogida hasta el Alpargate, consciente de que la hora no era la más prudente, pero de que el esfuerzo había merecido la pena.

No quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar y agradecer el comportamiento ejemplar de todos los hermanos, costaleros, nazarenos, músicos, penitentes. A pesar de lo tardío de la recogida, contamos con muy pocas bajas y en todo momento se observó una actitud de compromiso y colaboración extraordinaria. Las gracias incrementadas, en este caso, a los fieles penitentes, por su comprensión ante las circunstancias especiales que nos obligaron a dejarlos fuera de Carrera Oficial. Y apartado especial, tienen para mí, los más jovencitos de la cofradía. Vaya lección nos volvieron a dar. ¡Que grandes sois, pequeños!.

Y de esta forma, como ya es tradicional, con nuestra gente, con nuestro barrio, con nuestras saetas, nuestra forma de entender la Semana Santa, acompañamos a nuestro Divino Cristo de Gracia hasta su casa, nuestra casa, un poquito más tarde de lo acostumbrado, pero, como dice el refranero, “nunca es tarde, si la dicha es buena”. Y esta vez la dicha era maravillosa.

 

Enhorabuena a todos y cada uno de vosotros, por ser partícipes de la historia.

A la paz de Dios, Hermanos.

LISARDO JAVIER ROMERO MORENO

Rector de Estación de Penitencia