Formación

La Formación espiritual y cristiana es un aspecto esencial en nuestra Cofradía. En primer lugar, los actos cultuales son fundamentales y sirven para enriquecer la formación en la fe de nuestros hermanos a través de la Palabra de Dios y la Liturgia. De manera complementaria, a lo largo del año disfrutamos de varios ciclos de charlas de formación, abiertas en asistencia para todos los hermanos y que son impartidas por frailes de la casa trinitaria y sacerdotes allegados al seno de nuestra Hermandad. Estas charlas están dirigidas a vivificar la fe en nuestro señor Jesucristo, así como nuestro sentimiento de asamblea cristiana y grupo trinitario.

Paralelamente, la Cofradía se vuelca con la formación de los más jóvenes, poniendo a disposición de los mismos un grupo de catequesis de confirmación, impartida por miembros del grupo joven que ostentan mayor edad. Igualmente, atesoramos también de un grupo de formación de jóvenes (post-confirmación), dirigido espiritualmente por el Provincial de nuestra Orden Trinitaria y que se da cita cada mes del curso.

A nivel mediático, La Hermandad envía a sus hermanos anualmente un boletín en papel, tratando temas de formación, liturgia, caridad, estación de penitencia y datos de interés en el día a día de la corporación. Así mismo, se envían varios boletines digitales durante el año, a través de correo electrónico. De igual forma, ofrecemos a nuestros lectores el evangelio diario en nuestra página web y redes sociales.

Catequesis mensual para grupo de post-confirmación

En la tarde del pasado Domingo, un grupo de jóvenes de la Cofradía nos reunimos un año más para intentar atisbar el germen del cofrade, la esencia, la formación cristiana. De la mano de nuestro ministro provincial y amigo, Pedro Huerta, dimos el pistoletazo de salida a nuestras sesiones mensuales de catequesis para grupo de post-confirmación.

Este año, como no podía ser de otra forma, estas charlas de formación girarán en torno a un eje central, que no es otro sino el IV Centenario de la llegada de nuestro Titular. En este primer día, focalizamos en los datos bíblicos que explicar el porqué de la celebración jubilar en nuestra religión, su origen y sus diferentes modificaciones e interpretaciones hasta el nacimiento de Jesucristo. Comprendimos que el aniversario que estamos celebrando no es un acto externo, una salida procesional o unos cultos extraordinarios. Un año jubilar debe ser un “volver a nacer”; un reencuentro con Jesús; una reflexión, una mirada hacia nuestro yo interior, hacia nuestra historia; una búsqueda al qué hago yo aquí y cómo estoy viviendo mi fe cristiana. Vivir un gran aniversario no depende de los medios de comunicación y redes sociales, de unos cultos masivos, de una procesión magnificente o de una mayor obra social. Vivir un aniversario mayúsculo está en manos de todos y cada uno de los hermanos de la Cofradía del Santísimo Cristo de Gracia.

 

¿Quién es Dios?

Tras un mes de octubre, donde hicimos un estudio histórico, adentrándonos en el arduo pero curioso campo de los concilios y donde comprendimos la necesidad, el por qué, el trasfondo y la repercusión de los mismos, este mes de noviembre ha sido enfocado sobre la primera frase del Credo: CREO EN DIOS PADRE. La pregunta ha sido sencilla, pero a la vez profunda, muy profunda. Creo en Dios, sí,
pero… ¿Quién es Dios? Para unos, consuelo; para otros, gracia; para otros, es lo que tenemos todos y cada uno; para otros, es amor… Multitud de tímidas respuestas. Para saber quién es Dios, debemos de adentrarnos en el Libro Sagrado. En el antiguo testamento, la figura de Dios se nos presenta como el Todopoderoso, Señor de los Ejércitos, el que nos venga de los Enemigos, al que debemos temer. Sin embargo, ese no es, ciertamente, en el Dios que hoy en día creemos los cristianos… ¿O aún sí? Jesús nos presenta una nueva imagen de Dios, una imagen que nada tiene que ver con el Dios de los fariseos, como hemos podido escuchar en el evangelio de este domingo. Un Dios que es más madre que padre, un Dios misericordioso, un Dios de la bondad, de la esperanza, del perdón. Y para ello nos hemos detenido en una de las parábolas más hermosas del evangelio, la del Hijo Pródigo. En la figura del padre de la parábola vemos reflejada la imagen del nuevo Dios, del Dios de Jesús. Este se muestra como un padre que espera que vuelva su hijo, que lo perdona aun sin escuchar el perdón de sus labios, que no le pide explicaciones, que lo abraza, que lo besa, que prepara una fiesta en su
honor. No obstante, debemos detenernos también en la figura del hijo mayor, pues suele ser siempre el secundario cuando explicamos o leemos la parábola, sin reparar en que este es el personaje en el que Jesús quiere que nos veamos reflejados, del que debemos de
servirnos para sacar nuestra propia moraleja (pues es una parábola que queda inacabada, dejando el final en el aire). El hermano mayor se enfada ante tal suceso, recriminándole al padre la fidelidad y lealtad que siempre ha tenido hacia él, y cómo este nunca se lo ha pagado con una fiesta; mientras que su hermano, aun habiéndose gastado la herencia y sido un libertino, había sido recompensado con la matanza del novillo cebado y una gran fiesta. ¿Y nosotros, a qué Dios buscamos? ¿Somos como ese hijo mayor que esperaba a un
Dios vengativo y castigador, que hubiese hecho rendir cuentas al hijo pródigo tras su vuelta a casa? ¿O somos el hijo que entraría a la fiesta y actuaría igual que el padre, sin reprochar nada al hermano menor y recibiéndolo con el mayor de los abrazos? Muchas veces, de manera inconsciente, preferimos ser del Dios del Antiguo Testamento, del Dios que alimenta mi ira y que hace lo que yo quiero; en vez del Dios del Nuevo Testamento, el Dios que Pide que cambie mi corazón y que actué única y exclusivamente por AMOR.

Primer domingo de Adviento 2017

Inmersos en el primer domingo de adviento, hemos procedido, un mes más, al desarrollo de nuestra charla de formación juvenil, de la mano del Padre Pedro Huerta.

Desglosando el credo cristiano, hoy nos hemos detenido en la figura de “Dios Hijo”, reflexionando sobre el Jesús que nosotros creemos. Debido al afán de la Iglesia por no dejar duda de que Jesús es hijo de Dios (y como tal, debe de ser digno de ese rango), a Jesús se le han atribuido tantos epítetos divinos que se nos olvida lo más importante, su lado humano. El Jesús, del evangelio es un hombre que nace en la más absoluta pobreza, ente pañales, adorado por pastores y magos (no precisamente los mejores vistos de la sociedad de ese entonces, sino justo lo contrario). Jesús es un hombre que ama, llora, ríe, se enoja, tiene tentaciones, dudas y sentimientos como cualquier hombre. Jesús nos enseña que se puede alcanzar la santidad en la tierra, siguiendo su ejemplo y su mensaje. Jesús viene al mundo para salvarte, y no es precisamente porque muere en la cruz por tus pecados y tú, como un mero observador, tienes ya el cielo ganado con esto. No. Jesús te enseña que el camino es la cruz, que esa cruz es el precio de seguirle a Él y defender su evangelio. Si Jesús no fuera un modelo de vida que pudiese ser imitado y alcanzado por los hombres, de nada habría servido su encarnación, vida y testimonio…