Orígenes y llegada del Santísimo Cristo de Gracia

Los inicios…

La devoción al Santísimo Cristo de Gracia surge inmediatamente después de la llegada de la imagen a la iglesia conventual de los trinitarios descalzos en el año 1618. Esta orden se había instalado en nuestra ciudad en el año 1607. Aunque mantuvieron algunos pleitos con los agustinos, finalmente, el obispo de Córdoba les concede la ermita de Nuestra Señora de Gracia el 13 de febrero de 1608, cristalizando su asentamiento en nuestra ciudad. Diez años después, el 4 de febrero de 1618 llega a la iglesia conventual la imagen del Cristo de Gracia por medio de una donación de Francisca de la Cruz, quien la había recibido de su hermano Andrés Lindo, residente en las Indias.

La imagen estaba realizada en la ciudad de Puebla de los Ángeles en el virreinato de Nueva España. Los trinitarios descalzos muestran un vivo interés en difundir e impulsar la devoción al Cristo de Gracia consiguiendo que en los años inmediatos a la donación, la imagen despierte un arraigado fervor popular en el vecindario, fenómeno que se intensificará hasta alcanzar cotas elevadas a lo largo del siglo XVII.

Las donaciones constituyen un significativo exponente del fervor al Cristo de Gracia. Entre la masa de devotos encontramos al orfebre Juan de León, quien en junio de 1654 ofrece una lámpara de plata y la correspondiente dotación de aceite. Los frecuentes prodigios atribuidos a la imagen contribuyen de manera decisiva a propagar la devoción al Cristo de Gracia en todas las capas sociales y barrios de la ciudad. En agradecimiento depositan numerosos exvotos, alhajas de plata y ornamentos para el servicio de la capilla donde recibe culto la venerada efigie. La intensa devoción de los cordobeses se manifestará asimismo en la procesión de rogativa por la lluvia organizada el 1 de mayo de 1653 a iniciativa de un grupo de labradores del barrio de San Lorenzo, constituyendo esta la primera vez que la imagen sale del templo conventual en penitencia pública.

La devoción al Cristo de Gracia se entibia en la década de los ochenta de este siglo XVII como consecuencia de la retirada de la imagen a la clausura debido a las obras de la nueva iglesia que se levanta, volviendo a recuperar la devoción de antaño, incluso intensificada, en las postrimerías de del siglo XVIII. Es llamativo que los trinitarios no impulsen la erección de una cofradía dedicada a la popular imagen en este siglo, pudiendo estar la causa en la prohibición establecida por las constituciones de la descalcez de 1614. Sin embargo, estas primitivas reglas se suavizarán en el siglo XVIII y podremos contemplar el nacimiento de sendas cofradías en honor a Jesús Rescatado en el año 1713 y al Cristo de Gracia en 1736 agregadas a la confraternidad trinitaria.